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Insomnio

29 julio, 2010

‘The last refuge of the insomniac is a sense of superiority to the sleeping world.’

Leonard Cohen

El disco giró por tercera vez consecutiva y todavía no logré conciliar el sueño. Doy vueltas en la cama, desarmo las sábanas y acomodo de mil formas la almohada, buscando que una nueva posición me traiga el descanso. Pero no lo consigo. Sigo despierto. Un poco más, cada vez.  Y empiezo a pensar en todas las cosas que me atormentan. Quizás me expreso de un modo exagerado. Pero el asedio de las ideas que son atraídas por el insomnio se torna insoportable y soy incapaz de rehusarme a sus efectos.

Pienso. Callo. Río. Sonrío. Recuerdo circunstancias extrañas. Imagino futuros borrosos. Inconclusos. Inertes. Dibujo con el dedo sobre la pared formas irresolutas. Voy contando puntos sobre el techo. Sobre las paredes. Hago foco en el picaporte de la puerta. Miro el metal. Miro la madera ajada y mal pintada. Acometo contra el colchón. Suspiro. Trato de respirar con fuerza, exhalando con cierta notoriedad. Busco en ellas el reposo. Múltiples intentos similares. Fútiles todos ellos. Oigo ruidos. Llevo mis oídos hacia ellos. Trato de distinguir. Un golpe de puerta.  Un objeto que cae. Alguna persiana que se cerró por el viento. No lo descubro. Lo dejo de lado. Vuelvo a mi tarea. Cierro los ojos otra vez. Imagino. Pienso. No descanso. No lo logro.

Veo la hora. Madrugada. Otra vez. Maldita madrugada. Malditos amaneceres. Maldito quien haya pensado que verles es una bendición. Malditos los noctámbulos. Malditos reyes de la noche. Malditos ustedes a los que el día les devora las ínfulas. Malditos cobardes que huyen de la luz buscando paz en el manto oscuro de la noche. Malditos seres que invaden un territorio inhóspito. Malditos buscadores de minucias que no son capaces de conseguir asirse en la luz intensa del día. Malditos cobardes que no tienen más ocupación que venir a tomar la mente de un pobre individuo que sólo quiere descansar. Malditos sean todos. Los que ahora aprovechan para regocijarse en mi pena. En mi  suplicio nocturno. Malditos los pensamientos que viven y laten más fuerte que nunca, cuando el sol alumbra otras partes del mundo. Algún día habrán de necesitar ustedes el reposo.

Y ahí estaré yo, para presentarles batalla.

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